"Conozco esas lágrimas que no caen y se consumen en los ojos, conozco ese dolor feliz, esa especie de felicidad dolorosa, ese ser y no ser, ese tener y no tener, ese querer y no poder".
José Saramago.
Aún era noviembre en Chamberí, cuando entre lágrimas un enorme ser humano me dijo que parara ya de pensar que todo va bien siempre, que no era normal que todos los días despertara sonriendo y me fuera a dormir de la misma forma, me preguntó por qué lo hacía si yo sabía que la realidad no era así, que había días en los que yo no estaba feliz, que yo sabía que la vida es dura, y que tira mil veces… A lo que yo le respondí que tira mil veces para levantarte mil veces más fuerte, y si aprendes a apreciar lo que sucede, o si al menos lo intentas, todo se lleva mejor.
Un año sin estar por aquí, en mi tan bella creación de 2021… un año en el que mi vida no se detuvo, el camino siguió y esta vez lo hizo mostrando realidades más fuertes, han sido 365 días en los que todo ha cambiado, como nos canta Mercedes Sosa, cambia, todo cambia. El 2022 ha sido un año lleno de amor y de aprendizajes, de retomar el rumbo de mi existencia en esta tierra, y de aceptar las pérdidas de lo que el tiempo te quita conforme las manecillas del reloj van pasando cada segundo. Antes de continuar, hay algo importante de destacar, a pesar de haber avisado mi ausencia por un lapso de tiempo indefinido, lamento mucho no haber escrito en mi espacio durante los meses pasados, pero desde todos los sentidos no me fue posible, incluyendo aquí el profesional y el personal. Sin embargo, no quiero dejar pasar la oportunidad de escribir este diciembre una parte valiosa de todo lo que viví y aprendí, para que le funcione y le sirva a quien lo lea, pero principalmente a mí, para no olvidar una vez más cómo de todo se sale adelante aunque no veamos salida instantánea a los problemas.
Después de responderle que todo va mejor si le sonreímos al pasado, al presente y al futuro, me abrazó y ambos sonreímos. Ojalá todos los momentos de nuestra vida duraran más, incluso los malos, para ser capaces de crecer más y mejor. Mi vida no es perfecta, ya lo he escrito más veces, existen espacios llenos de amor, muchos huecos que me faltan por llenar y otros tantos que no terminan de estar bien o mal, pero de algo estoy segura, se acerca mucho a la vida de mis sueños, porque hago hasta lo imposible por ir cumpliendo cada uno de ellos, y eso me basta para continuar cada mañana. Algo así como dejó escrito Rosalia de Castro, “No importa que los sueños sean mentira, ya que al cabo es verdad que es venturoso el que soñando muere, infeliz el que vive sin soñar”.
Después de zarpar mis doce deseos al terminar Nochevieja, enero vino acompañado de unas cuántas despedidas necesarias y otras no tantas, pero inevitables. El frío me ayudó a sacar todos los abrigos del armario, a disfrutar de los días grises, y ya encontrándome conmigo misma, a reflexionar sobre todo lo que uno echa de menos y que ya no regresa, pero ese todo que ayuda a encontrar la fuerza necesaria del día a día para seguir avanzando en donde te encuentres.
Siempre se olvida que se disfruta más el camino que la meta, pero qué se puede hacer, más nada, ya está, solo seguir e intentar recordarlo para disfrutar más y mejor. Febrero y marzo fueron dos meses dedicados a enseñarme una vez más que siempre que la compañía sea la correcta, vas a estar bien, pero si no la es, aunque te esfuerces, las cosas no salen bien. Lo que fluye, fluye, cuando tiene que hacerlo, pero a la fuerza, no hay ni razón para intentarlo, eso sí, hay que vivirla y darlo todo si es por gusto propio, y si aún así, todavía no cuaja, dejar ir es la mejor vía para elegir.
En abril la primavera llegó con rosas, no todas hermosas, algunas estaban marchitas, pero venían envueltas en infinitas risas, mostrándome qué tan cierto es el creerte lo que eres, para saber qué es lo que mereces, y así no aceptar menos, porque aceptando menos de lo que eres, te hundes en el abismo más profundo, con una salida un poco más difícil. No a todas las personas les gusta hablarnos con la verdad, aún a pesar de abrirles la verdad auténtica propia. Seamos sinceros, aún en las mejores amistades, encontramos y tenemos errores, el premio está en conocernos y aceptarnos como seres humanos con virtudes y defectos, para situarnos en la elección de seguirnos queriendo o de alejarnos si es por nuestro bienestar y crecimiento.
Durante mayo la vida me recordó que vivir en medio de una traición se vuelve insostenible, porque lo más sagrado que podemos tener en nuestro día a día es paz. Reconocí una vez más que echarte de menos, no significaba lo mismo que echar de menos a la persona que yo era mientras estabas a mi lado. Le temps est bon cuando estás enamorado, pero no se necesita estarlo de otra persona, cuando lo estás de ti mismo, te conviertes en un ser humano invencible.
Claro que hay días donde no hay ánimos ni fuerza para prepararse un café, de todos modos si tomas cinco minutos del día en hacer lo que más te guste, mientras pasan los tiempos más difíciles, resulta más leve la carga que estés sosteniendo, al final todo pasa, luego vienen y aparecen mejores tiempos. Junio significó para mí el cierre de un capítulo para el inicio de uno mejor, y el recuerdo en carne propia de la importancia de seguir nuestro destino a la forma y modo que nos sea posible.
Los retos que nos fijamos no conocen límites más allá de los que nosotros mismos nos formamos en el pensamiento diario, si se sacude el miedo y se enfoca la intención no hay nada que no puedas conseguir. Si el plan que tenías no sale como lo imaginabas o esperabas, siempre habrá una segunda opción que te llevará más lejos de lo que pensabas porque en la última instancia, no hay quien te detenga, sólo tu mismo. En mi caso, no lo he hecho, no me detuve, no lo haré, y no me detendré.
Ya para mitad de año, aprendí que idealizar personas no trae nada bueno, al final todos mostramos quiénes y cómo somos, pero tal vez sí que es imprescindible, no verle defectos a las almas que adoramos, para permitirnos un poco de felicidad extra, más allá de la normal que nos brinda el rodearnos de seres humanos brillantes. El tiempo es muy sabio, y aunque esté sobrevalorada la frase de que mirando hacia atrás, recibimos respuestas, es muy cierta, por lo menos para descubrir lo que realmente queremos y lo que no.
Agosto me enseñó a encontrar paciencia, tolerancia y resignación a las palabras que no vamos a escuchar nunca sobre explicaciones de situaciones que no dependen únicamente de nosotros mismos. No todo tiene una respuesta, ni una expresión, ni una despedida. Siempre esperamos entenderlo y comprenderlo todo con exactitud, pero no es necesario. Lo de cerrar círculos, se puede lograr si queremos, por nosotros mismos, sólo y solo si así lo deseamos. No necesitas generar más dolor o hacer crecer tu ego aún más a costa de la intervención de otro ser humano, si quieres terminar o salir de algún sitio donde ya no quieres ni ser ni estar, lo consigues por ti mismo, cuando estás listo.
¿Cómo saber cuándo estar listo para dejar ir lo que ya no forma parte de nuestra vida? Esa es otra pregunta, por ejemplo, que no tiene una respuesta fija, la respuesta la construyes tú mismo con tus acciones y tomando la dirección que elijas. Ten presente que nadie que no se quiera ir de tu vida, se va. Las personas que te quieran y te acepten tal y cómo eres, seguirán presentes de algún modo en tu vida y en el cotidiano. Simplemente sé tú mismo y continúa tu trayecto, las conexiones no se rompen con un simple adiós, o por dejar de quedar los findes, porque entonces no eran conexiones reales.
He comenzado a tomar el pasado como una lección y no como un hubiera o un reproche, todos los días tengo un constante recordatorio en el móvil y en el corazón de hacer lo que me hace feliz y de estar con quiénes más quiero. Durante mi 2022 ha cobrado sentido que lo que tiene que volver, vuelve, alguna razón tendrá de alejarse, pero no hay que detenerse, hay que continuar y con la frente en alto. Sin embargo, no voy a negar, que ha sido inevitable echar de menos de vez en cuando a mi yo de antes, de modo que día a día sigue la lucha activa de ser y encontrar más felicidad en el presente con lo que he conseguido, con lo que tengo, con lo que viene, y de apreciar mi vida en general mucho más de lo que antes lo hacía.
De octubre, qué puedo decir, más allá de que otoño es mi estación favorita del año, me encanta, sencillamente no cambiaría por nada esos cielos dorados, el maple de los árboles y la gran alergia que me viene con ese cambio de estación. Me llenan de vida y de fuerza los primeros aires frescos después del verano, las lluvias, la caída de las hojas, que volando son la película del tiempo que pasa, y, de como en un principio les escribí, que todo cambia, pero sin olvidar el poema de Santa Teresa de Ávila, "Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda". La naturaleza es tan sabia que nos muestra todo por etapas, lapsos de distintos brillos qué hay que aprender y saber apreciar.
Llegamos a noviembre, donde comenzó esta entrada anual, en la que además de compartirles la respuesta de mi sonrisa diaria… les confieso que entre más pasa el tiempo, para mí, las despedidas se han vuelto más difíciles. No me gustan, simplemente si hay algo que no disfruto es despedirme, pero eso tiene una razón y otra respuesta, para mí las despedidas son un hasta pronto, así como las entradas de este blog.
En diciembre y último mes, doy gracias a Dios, a la vida por este año, gracias a mis padres, y a las tías que más quiero, gracias a mis mejores amigos por siempre estar y quererme tanto, gracias a las personas que se cruzaron en mi camino por compartir su brillo con mi sonrisa, gracias a la gente que se fue de mi presente por hacerme más grande y fuerte, y por último, gracias a mí por no rendirme ni ayer, ni hoy, ni mañana.
Que todo nuestro esfuerzo a lo largo de este año rinda frutos ahora y en los próximos días. Les deseo lo mejor en estas Navidades y para el 2023, nos vemos (leemos) pronto…
Con amor,
María.
Para ti, tu sonrisa me alegra la vida...







