En esta época que amanece el cielo azul, los pajaritos cantando y hace tan buen tiempo... Al llegar un día a mi bella y querida oficina se organizó una dinámica de integración y una de las preguntas a responder fue:
¿Qué extrañas más de la Ciudad de México antes de la pandemia?
Confieso que en el tiempo que tuve antes de hablar con mis colegas, pensé de forma seria y fija, qué es lo que más añoro, porque es un hecho que todos extrañamos demasiado la vida pre-Covid, pero algunos detalles más que otros. Por supuesto que mi respuesta fue breve con ellos, pero decidí compartirles por aquí mis favoritos y mis más esperados momentos para cuando todo esto termine, aquí voy...
Por distintas razones llevo un par de años de no pasar un fin de semana “normal” en Ciudad de México y quizá esa situación torna un poco más difícil mi respuesta... Pero independientemente de sí yo me encontraba o no en esta hermosa Ciudad, como en (casi) todo el mundo hasta marzo de 2020, aquí la vida pasaba normal, por ende, lo que aquí les compartiré, también sucedía.
Mis días del pasado, como los de todos nosotros, tenían altas y bajas, pero en definitiva, los fines de semana siempre aguardaban la mejor parte. De buenas o de malas, siempre terminaba haciendo lo que más me gustaba junto a mis seres humanos más queridos, y estoy segura, que ustedes también. Una vez dicho lo anterior, procederé a decirles lo que a mí me encanta de Ciudad de México y que, estoy segura, cada vez nos falta menos para volver a ello.
Los viernes de “Trajas” eran épicos, el mejor día para ir a Xochimilco, al menos para mí, eran los viernes. El tránsito caótico, sólo lograba generar más emoción, para estar en los canales, escuchar música, cantar y bailar con los amigos después de comer quesadillas de huitlacoche y de chicharrón, todo sin ninguna preocupación... una verdadera paz.
Los sábados, que además de despertar tarde, tenías el día entero para decidir tu plan. Además esos días de celebrar reuniones familiares o con amigos. Debo decir que de los lugares más lindos y donde se podía disfrutar enteramente fuera de casa, era "La Coyoacana", porque los mariachis con amigos o familia y las tortas de cochinita pibil, se llevan excelente. Las horas volaban, y de llegar temprano... salías a altas horas de la madrugada, luego pasabas por tacos al pastor o campechanos, al “Chupacabras” o más lejos al “Borrego Viudo”, y de regreso a casa, para terminar una noche memorable.
Los domingos, última oportunidad del finde para despertar tarde y descansar. Al medio día ir por más tacos, que por la hora se llevan mucho más los tacos de barbacoa o los de carnitas, en mi caso, porque muchos prefieren birria o pancita, lo siento, pero yo no soy tan fan de estas dos últimas. Luego era tiempo de ir a pasear al Zócalo, perderte entre tanta gente en la calle de Moneda, viendo todo lo que vendían, comprar algo necesario o innecesario, entrar a algún museo y por milésima vez formarte para entrar al Templo Mayor o subir al campanario de la Catedral. La verdad que no había tardes más bonitas que aquellas del Zócalo, tomando un agua de horchata, de limón o de jamaica, con unas papitas o unos churros, porque para gustos, los hay de todos y cualquier comida mexicana es deliciosa.
Pero antes de terminar esta lista de cosas por hacer el primer día que se pueda salir tranquilamente y respondiendo a la pregunta de lo que más extraño de Ciudad de México en estos momentos...
Sin días específicos, les diré las máximas de mi barrio, Coyoacán. Empezando por Miguel Ángel de Quevedo, que es la avenida más bonita de todas, con muchos carros o vacía, da igual, caminar por el camellón es un verdadero placer. Luego en el centro hay varios lugares que me han marcando desde temprana edad, mi nevería favorita, “Tepoznieves” y para helados los de “Santa Clara”. No se quedan atrás el kiosko del Jardín Hidalgo y la fuente de los coyotes del Jardín Centenario, qué ganas de sentarme a contemplar, con una buena compañía, cómo pasa el tiempo, a cualquier hora del día, y llenarme de tranquilidad mientras tomo un café o un chocolate de "El Jarocho", (con una dona).
Aunque debo confesar que mis bancas preferidas son las de la Conchita, porque ahí no se escucha más ruido que el de las hojas de los árboles caer. Ojalá pudiera explicarle al mundo entero lo bonito que es Ciudad de México y en especial, Coyoacán y su gente (me incluyo), la felicidad que causa comer tacos de carnitas o quesadillas dentro del Mercado y disfrutar de estar en un país, el mío, que siempre le sonríe al mal tiempo.
Ya lo decía Benedetti,
“el barrio tiene encanto y lluvia mansa
rieles para un tranvía que descansa
y no irrumpe en la noche ni madruga
si uno busca trocitos de pasado
tal vez se halle a sí mismo ensimismado
volver al barrio siempre es una fuga”.
Que todo pase pronto, que la vacunación siga avanzando, que las reacciones no sean tan duras y que sigamos siendo fuertes para recibir los días de libertad que ya se asoman...
María.
