jueves, 28 de enero de 2021

Somos la importancia de no dejarnos vencer...


El 31 de enero de 2020, la alerta de nuestros móviles anunció el primer caso de Coronavirus en La Gomera, Madrid... Hoy seguimos aquí, luchando por lo que jamás imaginamos. Segura estoy que, cada uno de nosotros, tenemos muy presente la forma en que nos enteramos del primer caso, pero sí en algo coincidimos todos en este mundo (excepto Wuhan), es que en ese momento, el SARS-CoV-2, se trataba de un virus desconocido originado en China que existía muy lejos de nuestra vida. 

En Madrid, en medio de un febrero frío (no tanto como ahora) y con el ánimo de empezar el segundo mes de un nuevo año, muchos enfermamos, temperatura, dolor de garganta y tos, aquellos que acudimos con el médico, éste aseguraba que se trataba de algo viral y nos recetaba paracetamol, así que regresábamos a casa y continúabamos con nuestra “vida normal”, hasta donde el virus lo permitía. Debido al invierno, ligábamos la enfermedad a un resfrío, a una gripe más o a las alergias por la floración de la próxima primavera. Sin embargo, la realidad era otra y contagiábamos sin saber que era el virus lo que habíamos pillado (sin hablar de los asintomáticos).


Nuestro panorama cambió en marzo, cuando la OMS declaró el Coronavirus una pandemia mundial y junto con ello (casi) todos los países del mundo declararon estado de alarma. Sin darnos cuenta, en marzo iniciamos un nuevo destino. A partir de ahí, lo que antes importaba dejó de tener sentido y lo elemental, para muchos, por primera vez se convirtió en tener salud. En primavera, dimos la bienvenida al confinamiento, presenciamos cómo los hospitales por la gravedad del virus se saturaron y despedimos a nuestros primeros seres queridos... Durante los siguientes tres meses, aprendimos cómo protegernos del virus e intentamos continuar de la mejor manera posible, nuestras actividades cotidianas, desde casa, lidiando con la ansiedad, la incertidumbre y la tristeza de lo que acontecía en el (pausado) planeta Tierra.

Entre cierres de fronteras y una distinta incidencia de contagios y muertes en todos los países, el verano llegó a nuestra puerta. Aún a pesar de las fases o semáforos que definiera el sitio dónde nos encontráramos, la pandemia continuaba y quizá el gran error de muchos fue intentar volver a nuestra normalidad pre-Covid. Error, sí, porque en otoño, el virus recobró fuerza y se preparó para este duro invierno que día a día sobrellevamos...

Pero esta nota no la escribo para confirmar nuestras buenas acciones frente al virus y sentirnos mejor, o bien, culparnos por las faltas que hemos cometido a lo largo de este año. Escribo para reconocer el esfuerzo que hemos hecho todos cada minuto por mantenermos de pié y con la cabeza en alto frente a lo que observamos en todos los medios de comunicación y lo que vivimos en nuestros barrios. 

A ti, que estás leyendo esto, te felicito por lo que has logrado, por el esfuerzo que has mostrado y por la actitud de salir adelante que has conservado. Estos últimos 366 días (2020 fue año bisiesto), la vida nos ha enseñado, que aquellos momentos de felicidad que tenemos deben ser atesorados, para que en los momentos difíciles que afrontemos, nos llenen de fuerza y de luz. Debemos seguir manteniendo el ánimo, tal como el poeta cubano, Alexis Valdés, nos comparte en su poema “Esperanza”, “Cuando la tormenta pase y se amansen los caminos y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo. Con el corazón lloroso y el destino bendecido nos sentiremos dichosos tan sólo por estar vivos”.

Sobre aquellos momentos difíciles que nublan nuestra visión, tengamos presente que la próxima vez que nos encontremos frente a ellos, debemos aprovecharlos, porque la tristeza no será la misma cuando comience, que al día siguiente y la oportunidad de convertir el peor momento en una fortaleza más, tampoco. Ahora bien, de practicar el positivismo, sabemos que lo fácil es leerlo, decirlo, comprenderlo y lo difícil es actuarlo y practicarlo, pero antes que nada, recordemos que nosotros somos quiénes tomamos la decisión de sonreír cada mañana. Sin importar lo frío que sea el invierno o lo caluroso que el verano pueda agotarnos, debemos seguir emprendiendo y cumpliendo nuestras metas. Lo hemos hecho este último año y lo seguiremos haciendo los días y meses restantes. 

La paciencia es la clave, nadie ha caminado al día siguiente de haber nacido, seamos pacientes, la vacuna pronto va a llegar a nosotros. Mientras eso pase, no bajemos la guardia, continuemos con todo lo que hemos aprendido, aceptemos que la situación en que nos encontramos es mundial, no tomemos todo a nivel personal y sigamos adelante, respetemos, seamos solidarios con quiénes nos crucemos en la vida digital a través de la pantalla del ordenador o caminando por la calle, y lo más importante, recordemos que somos la importancia de no dejarnos vencer.

María.

No existe la fórmula exacta para ser feliz

Hola mis querides lectores desde enero de 2021,  un año más se ha ido y aquí va mi resumen anual de lecciones y no tan lecciones descubierta...